viernes, 23 de septiembre de 2016

Una de harina


El lunes pasado, y así desde varios años atrás, no hubo harina en la novillada de la harina de Azuqueca. Actividad peñera que, en sus inicios, utilizaba milhojas como elemento arrojadizo en la plaza de toros situada entonces donde se ubica actualmente el edificio Pizarro.

El excesivo coste de tanto dulce hizo que se sustituyera por harina, bastante más económica. Una critica realizada por un crítico taurino relanzó esta actividad como forma de protesta contra aquél, hasta hace unos diez años que, de nuevo, empezó a decaer, manteniéndose durante un par de años a trancas y barrancas por las peñas del Bollo y las Torres, hasta que dejó de celebrarse para no molestar  a las otras peñas y al ayuntamiento, que ya no veía con buenos ojos ese desparrame peñero. Se cuenta que en una de las últimas ediciones participó un concejal, por primera y última vez. Se metió en harina y salió rebozado.

En cuanto al festejo taurino celebrado hoy, novillada floja, con dos toros devueltos a los corrales. Tres cuartos de entrada. Animación de las charangas peñeras y la banda municipal al sol, sudando la gota gorda, que ya le vale al ayuntamiento.

La presidencia, facilona, regalando trofeos aunque nadie se los pidiera. Orejas para todos y hasta un rabo, que sólo por esto ya habría que inhabilitarla.

Los erasmus del toreo arriesgando el bigote en algún caso: el segundo de la tarde le hizo perder las zapatillas al diestro. Pero lo dicho: la presidencia en extremo generosa mandaba cortar apéndices y todos contentos. Muerto el toro qué más da que vaya rebajado de peso fuera de la plaza doquiera que lo lleven.

Un asunto más serio, o no, es si recibirá el ayuntamiento, como empresa taurina, un multazo de los de no te menees no ya por permitir el acceso a menores, si es que eso es objeto de multa, sino por permitir la invasión del ruedo por varios menores, muy menores, un bebé en brazos del torero incluido, acompañando a éste en su vuelta de honor. Pero no nos alarmemos, que esto debe ser normal, y dentro de nada quizá norma.



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